Por concepto, mi proyecto no pretende ser un edificio, es una calle móvil. Es el punto de partida. El segundo paso y debido a las reflexiones urbanísticas que llevan al punto crítico de proyecto es la idea de la movilidad íntegra del edificio entre dos partes del puerto, conectando dos partes de la ciudad.
Como idea es arriesgada pero justificada, muchos otros han pensado en provocaciones como esta y algunos han llegado a construirlas y hacerlas realidad.
Una referencia es el palacete que disfrutó el rey Alfonso XIII en la playa de La Concha en San Sebastián, construído a finales del siglo XIX. El palacio, construido en madera (a pesar de estar al borde del mar) se desplazaba por dos raíles que partían la playa por la mitad y se movía gracias a un motor de vapor.

En un momento en que no era bien visto bañarse en público ni ser visto en bañador, aparecieron por las costas pequeños vehículos sobre ruedas que de la misma forma que un cangrejo entraban y salían del agua perpendicularmente a la orilla.

Recientemente se han llevado a cabo operaciones de desplazamiento de construcciones de gran peso, como por ejemplo la estación de Cêne-Bourg (Ginebra) de unas 700 toneladas que fue desplazada 33 metros sobre raíles.
Hace poco se planteó una ciudad móvil sobre raíles que ganó un concurso de arquitectura, que ganó el estudio sueco Jagnefalt Milton, que justificaba la movilidad debida a los cambios extremos de la climatología de la zona.

Deja una respuesta